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El frío, los índios, Soros y el mercado.

Los  índios de una remota tribu preguntaron a su nuevo cacique si el próximo

Los  indios de una remota tribu preguntaron a su nuevo cacique si el próximo invierno sería muy frío o apacible.


Dado que el jefe había sido educado en una sociedad moderna, no conocía los viejos trucos indios.


Así que, cuando miró el cielo, se vio incapaz de entender qué iba a suceder con el tiempo...

 

De cualquier manera, para no parecer dubitativo, respondió que el invierno iba a ser verdaderamente frío, y que los miembros de la tribu debían recoger leña para estar preparados.

No obstante, como también era un dirigente práctico, a los pocos días tuvo la idea de telefonear al Servicio meteorológico.
-¿El próximo invierno será muy frío? - preguntó.

 -Sí, parece que el próximo invierno será bastante frío – respondieron desde el servicio de meteorología.

 De modo que el jefe volvió con su gente y les dijo que se pusieran a juntar todavía más leña, para estar aún más preparados.

 Una semana después, el jefe llamó otra vez al Servicio Nacional de Meteorología y preguntó: -¿Será un invierno muy frío? -Sí - respondió el meteorólogo- va a ser un invierno muy frío.

 Honestamente preocupado por su gente, el jefe volvió al campamento y ordenó a sus hermanos que recogiesen toda la leña posible, ya que parecía que el invierno iba a ser uno de los más crudos en años.

 Dos semanas más tarde, el jefe llamó nuevamente al Servicio Nacional de Meteorología:

 -¿Están ustedes absolutamente seguros de que el próximo invierno habrá de ser muy frío.

 -Absolutamente, sin duda alguna - respondió el meteorólogo - va a ser uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido.

 -¿Y cómo pueden estar ustedes tan seguros?

 -Simple! Respondió el meteorólogo. Porque los indios están recogiendo leña como nunca antes.

 

Esta historia que parece un chiste (lo es), nos deja una enseñanza de cara al estudio de los mercados, donde este ida y vuelta entre generadores de información (el cacique) y los ejecutores en tanto receptores de dicha información (índios juntadores de leña), se retroalimentan, a veces dando lugar a situaciones tragicómicas (y otras veces siendo combustibles de tragedias como ser burbujas y cracs financieros).

Este ida y vuelta se denomina reflexividad.

Este término es llevado a los mercados por George Soros. La idea central del pensamiento de Soros se centra en dos proposiciones relativamente sencillas. Una es que en las situaciones que tienen participantes pensantes, la visión que tienen del mundo esos participantes es siempre parcial y distorsionada, postulado que a priori nos indica descartar el concepto de mercado eficiente, donde “toda” la información se transmite a los precios. Este principio donde se reconoce información asimétrica se denomina falibilidad.

La otra  proposición es que esas visiones distorsionadas pueden influenciar la situación a la que se refieren, porque los puntos de vista falsos conducen a acciones inapropiadas o derivan en selección adversa. Es el principio de reflexividad.

 

Con estos dos conceptos, Soros quiere decirnos que muchas veces, aunque tengamos información, somos ineficientes en el uso de esta y, por otro lado, nuestra participación activa modifica en tiempo real dicha información. Lo dicho, aplíquese a los mercados (y a los índios juntadores de leña).

 

George Soros afirma  que la complejidad del mundo en que vivimos excede nuestra capacidad de comprenderlo. Esto es algo, por lo general, reconocido. En ese asunto, no se ofrece ideas nuevas (y Soros así lo admite), pero sí enuncia que la principal fuente de problemas es que los participantes forman parte de las situaciones con las que tienen que tratar. El principio de reflexividad se presenta una y otra vez en este tipo de enunciados, pues, de alguna manera viene a significar que no existe el hecho sin que exista el sujeto que lo presencia. Y según Soros, las acciones de este sujeto vienen a modificar el hecho.

 

Entonces, cuando nos paramos frente al mercado, debemos pensar en estos aspectos. Estamos frente a un sistema complejo, creemos que lo comprendemos,  que  contemplamos todas las variables que lo afectan y cómo se interrelacionan. Al mismo tiempo, obramos en consecuencia respecto de nuestras creencias, y nuestra propia acción en el mercado es una nueva variable de análisis para otro agente (otro comprador o vendedor), y las acciones de este actor son nueva información en nuestro sistema de tomas de decisiones, pues entonces debemos actuar en un entorno reflexivo. 

 

En relación con la forma en que nos acercamos al mercado, generalmente se presentan dos tipos bien diferentes de acepciones. Aquellos que abogan por lo analizado hasta aquí y creen en un mercado ineficiente y aquellos que ven agentes racionales en los operadores bursátiles y el público inversor, e incluso capaz de procesar toda la información disponible en el proceso de toma de decisiones. Estos creen en un mercado eficiente.

Partiendo de la base que en 2013, la acedemia Nobel otorgó dicho premio a economistas con visiones opuestas respecto del mercado eficiente o no (Eugene Fama, Robert Shiller y Lars Peter Hansen), vale destacar que aun no se ha zanjado la diatriba sobre si es o no eficiente el mercado y los agentes que lo componen. Dicho esto y partiendo de la base que este tipo de análisis afecta las desiciones futuras en términos de reflexividad, la invitación queda realizada a seguir reflexionando, a mantenernos pensando que lo que hacemos afecta a otros que  al hacer afectan nuestra decisiones. Solo un elemento más a incorporar en el grupo de herramientas de análisis.

 

Nota final: Aquel invierno las temperaturas bajas fueron record, pero el stock de leña fue sufiente por lo que aquellos índios pudieron sobrevivir y seguir actuando  comodamente en “su” mercado.