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El desafío de mantener una coyuntura financiera favorable

Por Alejandro Bianchi, CFA Gerente de Inversiones de InvertirOnline.com


En los últimos meses quedó claro que el gobierno apunta a reducir el déficit fiscal un 1% por año sobre el PBI, lo que se sostendrá con ajustes en los subsidios económicos, a través de un reacomodamiento de tarifas. Por ejemplo, una tarifa que en 2016 cubría tan sólo el 30% del costo eléctrico mayorista, alcanzaría a cubrir el 61% en 2018 de acuerdo al gobierno. El ahorro generado por menores subsidios a las empresas de servicios públicos, se utilizará en mejorar la infraestructura. En otras fuentes de gastos, como las jubiliaciones y pensiones o empleados públicos la estrategia es que se se vayan reduciendo en términos reales, por aumento del PBI, puesto que reducciones allí tienen elevado impacto en el público.


En la Argentina, el 19% del PBI lo compone el gasto público, lo cual se erige como una de las principales impulsoras del crecimiento en el consumo de asfalto y cemento. En este punto, el sector de la construcción, ha sido el más dinámico de la economía. Se espera que siga impulsándola el próximo año gracias a los programas PPP (de Participación Público y Privada) y los fondos comunes de inversión cerrados. En repaso, el gasto total en infraestructura para 2018 se proyecta en $435 mil millones, un 35% superior a 2017.


Si bien el económico modelo desincentiva el consumo e impulsa la inversión, es importante mencionar que el consumo privado continúa siendo el factor de mayor peso en el PBI, ya que representa aproximadamente el 66% del mismo. Las ventas en supermercados y shoppings han registrado aumentos interanuales de entre el 15% y el 20% en los últimos meses, variaciones que resultan negativas cuando se descuenta el incremento de precios, debido a la inflación. Y también se han registrado incrementos en las ventas de automóviles, y otros segmentos, lo que favorece a las estimaciones de que el consumo privado crezca 3.3% de cara a fin de año y al 2018.


Sin embargo, el país deberá continuar con el cambio de su imagen a nivel privado, ya que en cuanto a inversión, la Argentina ostenta una de las peores tasas de la región en términos de su PBI. Con tan sólo 15.8%, la inversión en el país se encuentra  muy por debajo del 20.3% promedio de Latinoamérica y del 26.7% de Colombia. Y la inversión, que representa el 16% del PBI, es de suma importancia por su impacto directo en la productividad, la cual retrocedió 0.4% anual entre 1998 y 2015. Pero pese a que quedan cuentas pendientes en cuanto a inversiones, el sector financiero nacional sigue con su potencial de crecimiento.


Similar a lo que ocurre con la industria de la construcción, el financiero se presenta como un sector con particular atractivo. Aunque atrasado, si se traza una comparación con países como Chile, donde los préstamos alcanzan el 84% del PBI (en la Argentina, solo el 13%), el renovado modelo de tasas reales positivas marca un nuevo paradigma en la industria, que obligará a moverse hacia nuevas estrategias para poder redefinir su modelo de negocio. Teniendo en cuenta la baja penetración, es decir un bajo punto de partida, el potencial de crecimiento en el sector financiero argentino, pese a todo, es muy grande.


El objetivo a partir de ahora es terminar de dar ese primer paso para alcanzar el “investment grade”, que es la calificación (BBB o superior) que indica la alta probabilidad de pago (amortización y renta) de los títulos públicos. Este objetivo podría llevar varios años.

Durante los mismos es clave la reducción de la inflación. La misma está siendo atacada por el Banco Central a través de un esquema de metas con suba de tasas que generan una mayor confianza de los agentes del mercado. Recientemente, la calificadora elevó la nota de los bonos soberanos argentinos de B a B+, algo que el mercado recibió positivamente. Al tratarse de bonos "menos riesgosos", hubo una notable disminución en los rendimientos requeridos por los inversores de aproximadamente 70 puntos básicos.


En definitiva, mantener esta serie de políticas que se implementaron en los últimos dos años será clave para que las entidades internacionales interpreten de buena manera la coyuntura nacional. Además de sostener un mercado financiero propicio para los inversores y la reciente calificación de B+, el país debe continuar seduciendo a la emisora de índices MSCI, para que cambie de opinión en 2018 y lo incluya en el grupo de países emergentes.

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